El hidrógeno es el gas más ligero que existe. No obstante, no se usa para llenar globos aerostáticos. ¿Por qué?
Resulta que el hidrógeno, cuando entra en contacto con el oxígeno, produce una reacción exotérmica (desprende calor) muy violenta. Esto se aprovecha, por ejemplo, en los sopletes de soldar. No obstante, esta propiedad hace que el hidrógeno sea un gas extremadamente inflamable.
A la hora de construir dirigibles, los alemanes tenían un problema: antes de la Segunda Guerra Mundial, el helio (el segundo gas más ligero después del hidrógeno) estaba completamente monopolizado por los EUA, que no se lo vendían a nadie (y supongo que a ellos menos). Así que algún ingeniero alemán debió pensar "¿problema? ¿dónde está el problema?" y se liaron a llenar dirigibles con hidrógeno. En wikipedia incluso he leído que a algún cafre se le ocurrió construir una sala de fumadores dentro del aparato (se masca la tragedia, oé oé). Así que una chispita en el momento del aterrizaje, y aquí tenemos al Hindenburg, un churrasco "made in germany":
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Hoy en día, el aluminio nos parece la cosa más normal del mundo: casi todas las casas tienen ventanas de aluminio, usamos cantidades ingentes cada año para envolver grasientos bocatas de lomo con queso y similares, etc. Es decir, que dista mucho de ser un producto de lujo. No obstante, aunque el aluminio es muy abundante en la corteza terrestre, es muy reactivo, y por tanto es muy difícil encontrarlo en estado puro (elemento Al pelao y mondao). Para extraerlo (sobretodo de su óxido conocido como bauxita) se necesita fundirlo y aplicar grandes cantidades de electricidad. Fácil, hoy en día, pero energéticamente caro.
Pero si pensamos en la época anterior al s. XIX, cuando se inventó la técnica de extracción (y cuando lo más parecido a electricidad que existía era cuando se te cardaba el pelo al sacarte un jersey de lana), nos daremos cuenta de que la cosa era bastante más difícil y costosa. Tanto, que cuando Napoleón III celebraba un banquete, a sus invitados más "mindundis" les proporcionaba cubiertos de oro y plata. Y a los invitados más "in", de aluminio (espléndido, el señor). Así que de ahora en adelante, yo me lo pensaría dos veces antes de tirar una bola de papel de aluminio a la basura (reciclemos, que se enfada Napoleón III).
"Si no reciclas aluminio, te caneo"




