Mañana volvemos otra vez a casa. La verdad es que, después de dos semanas de vivir en una tranquilidad absoluta (y a pesar de que soy una urbanita empedernida), creo que me va a dar un patatús en cuanto me meta en el metro. De aquí se echa de menos sobretodo el cielo: se ven montones de estrellas que en Barcelona son virtualmente invisibles, los atardeceres tienen unos colores apabullantes y hasta la luna parece más grande. Y desde luego, también se echa de menos poder darte un paseo por el campo, con viñas o campos de girasoles hasta donde llega la vista y algún que otro conejo que sale corriendo de entre las matas.
Después de esta "oda a la meseta", hago balance de mis vacaciones rurales:
1) Me he enganchado al Último Superviviente (dios, ese hombre come cosas que harían vomitar a una cabra).
2) Me he leído dos libros (o debería decir tochacos) de la saga Crepúsculo, y he comenzado un tercero.
3) He engordado unos cuantos kilos (no sé cuántos...hace tiempo que abandoné el mal hábito de pesarme), pero a pesar de eso me siento saludable (a quien no le guste, que no mire).
Y ahora, os dejo con mi foto favorita del verano:
No hay comentarios:
Publicar un comentario